El Director General de Iniciativas Alcaesar, Fernando Yaybek, concedió una entrevista para el prestigioso periódico económico Cinco Días, analizando el escenario actual de la pandemia y sus consecuencias sobre las familias y las empresas funerarias.

Los hospitales no son los únicos que llevan meses luchando contra la sobrecarga de sus unidades y la escasez de personal. La pandemia de coronavirus, que ha provocado un exceso de casi 71.000 muertes en España, también ha puesto al límite a las funerarias.

Pero contra lo que cabría esperar, este va a ser un mal año para las empresas del sector. Las grandes han visto cómo se reducían sus ingresos por la imposibilidad de prestar ciertos servicios y las más pequeñas denuncian trabas a la competencia por parte de las aseguradoras que controlan el mercado de pólizas de decesos.

El papel de las funerarias en la gestión de esta crisis es esencial: cuando la prevención falla, el enfermo de Covid se agrava y los servicios médicos no consiguen salvarle la vida, alguien tiene que encargarse de dar sepultura a los cuerpos. “Somos el último eslabón de la cadena sanitaria, pero muchas veces somos los grandes olvidados”, afirma Fernando Yaybek, director general de Iniciativas Alcaesar, una sociedad de Albia y Funespaña que opera en Extremadura.

Yaybek refleja el sentir de su gremio cuando dice que echa de menos una mayor coordinación con el sector por parte de las autoridades sanitarias. En los meses más duros del estado de alarma, una relación más fluida con el ministerio y las consejerías de Sanidad les hubiese evitado dudas en la interpretación de los protocolos de actuación o facilitado información sobre qué tipos de sudarios utilizar, cómo manipular los cuerpos o cómo trasladarlos de una región a otra.

La expresión más grande de esta falta de comunicación fue la morgue instalada en la pista de patinaje del Palacio de Hielo de Madrid. Las empresas se enteraron de que el ejército estaba llevando los féretros ahí por la prensa.

Para evitar situaciones como esta, Panasef, la asociación nacional de empresas funerarias, reclama “línea directa” con el Centro de Coordinación y Emergencias Sanitarias del ministerio. “Nuestra preocupación se centra ahora en las comunidades. Les hemos pedido a todas una reunión y muy pocas han contestado. Con Cataluña ya trabajamos desde hace meses”, comenta Alfredo Gosálvez, secretario general de Panasef.

Panasef reclama más coordinación y “línea directa” con el ministerio y las consejerías de Sanidad

En España prestan servicios funerarios unas 1.100 empresas, de la cuales entre 800 y 900 son pymes que facturan menos de 1 millón de euros. A pesar de que la pandemia disparó las defunciones, el negocio, según la patronal, se ha encogido en la primera mitad del año más de un 40% con respecto al mismo periodo de 2019, es decir, que habrían dejado de ingresar unos 329 millones de euros.

Panasef achaca esta caída a los sobrecostes de equipos de protección, sudarios específicos y cientos de horas extras en que las compañías han debido incurrir para solventar la emergencia y los numerosos servicios que no pudieron prestar durante el confinamiento. Los velatorios, por ejemplo, quedaron prohibidos de finales de marzo a finales de mayo.

La asociación calcula que las restricciones impidieron a las funerarias cobrar por flores, coronas, recordatorios, esquelas y otros muchos conceptos que pueden llegar a representar el 40% del recibo habitual en condiciones normales.

“Durante algunas semanas nuestra actividad quedó reducida a la parte puramente logística: el traslado a cementerios y crematorios”, explica Juan Jesús Domingo, consejero delegado de Mémora, la segunda funeraria más grande de España, que ha asumido casi cuatro millones de euros de costes extraordinarios.

Fuente: Cinco Días