Después aumentar un 50% desde 2009 hasta 2016, la demanda de cremaciones es más sostenida en los últimos tiempos.

El silencio de los cementerios es tan particular que existe un adjetivo para definirlo: sepulcral. Sin embargo estos días esos tranquilos lugares se llenan de vida y de flores para recordar a los que ya no están. Ayer fue el día de los difuntos y muchos visitaron el camposanto. Se trata de un acto íntimo que, en estas fechas, se convierte en colectivo. En Cáceres la opción de la inhumación sigue siendo mayoritaria frente a la incineración, que ha sufrido un estancamiento tras el auge de los últimos años.

Desde 2009 hasta 2016 el número de personas que fueron incineradas en la provincia se multiplicó. Sin embargo, desde entonces el crecimiento ha sido más leve. «Estamos bastante lejos de ciudades como Sevilla o Málaga, donde los porcentajes de cremaciones sobre personas fallecidas superan ampliamente el 50%, pero aquí ya se van acercando al 20-22%», indica Fernando Yaybek, director general del grupo Iniciativas Alcaesar (IA), la empresa que gestiona el único horno crematorio que hay en Cáceres ciudad y que se inauguró en el año 2005 en el cementerio. También gestiona uno de los dos que hay en Plasencia. «Se partía de niveles muy bajos, el crecimiento está siendo más lento».

Según sus datos el año pasado los restos mortales de unas 400 personas fueron incinerados en la ciudad de Cáceres. Ellos gestionaron también 200 incineraciones en Plasencia. Precisa este gerente que se da servicio desde estos crematorios a toda la provincia, e incluso a localidades de provincias limítrofes.

Según observa Yaybek cuando una familia elige la cremación para un allegado esa decisión tiene que ver con el deseo de la persona fallecida, «bien por sus creencias o por su sentido de respeto al medio ambiente ya que la cremación es más higiénica y ecológica que la inhumación». Uno de los aspectos que de partida podían disuadir de la incineración era la búsqueda de un lugar adecuado para depositar las cenizas. En el año 2006 el Vaticano manifestó su preferencia por la sepultura del cuerpo y prohibió arrojarlas al aire o al mar o guardarlas en casa. «La construcción de nuevos y modernos cementerios con espacios creados específicamente para esparcir las cenizas o depositar urnas biodegradables, así como el de las ceremonias que acompañan a dichos actos, también ayudan a cambiar la visión de las personas sobre la cremación», apunta Yaybek.

En la nueva ampliación del cementerio, que espera que pueda concluir dentro de un mes se va a inaugurar un espacio que se denomina ‘El bosque de la memoria’ en el que se van a poder depositar cenizas.

El precio de la incineración, que ronda en Cáceres unos 600 euros más gastos funerarios, es más económico, ya que el importe de un nicho ronda los 2.500 euros. «El valor de los nichos en los cementerios ha ido creciendo de forma inversamente proporcional al de la cremación, por lo que muchas familias deciden realizar la cremación por un factor puramente económico», señala este gerente.

Es un problema recurrente y sin visos de solución el de la falta de espacio en los cementerios españoles para dar sepultura a las personas que fallecen. Actualmente se están llevando a cabo las obras de la tercera ampliación del camposanto cacereño, que dotará a este recinto de 216 nuevos nichos y 160 osarios. Por tanto, cuando esté lista esta nueva parte desde 2011 a la actualidad se habrán añadido 864 nuevos nichos a los ya existentes.

Rituales laicos

Frente al ritual católico también va aumentando la demanda de despedidas en donde se introducen elementos laicos. «En la actualidad las ceremonias tradicionales tienden a complementarse con una parte laica, en donde las familias participan de una forma más activa y se realizan verdaderos y emotivos homenajes a la vida de la persona fallecida, se indica desde el grupo IA, que en los próximos meses va a llevar a cabo una reforma en la capilla del Tanatorio San Pedro de Alcántara de Cáceres para poder celebrar cualquier tipo de ceremonia, confesional o aconfesional, que sea solicitada. En el tanatorio que se encuentra frente a la estación de autobuses, Serfátima, que se abrió en el mes de febrero de 2017, se dispone de un salón sin connotaciones religiosas que está adaptado a las preferencias de cada credo o ritual y en donde se pueden celebrar despedidas civiles.

Desde el grupo IA precisan que no es habitual que se les soliciten ritos de otras confesiones más allá de la católica. «No es una tendencia que tenga mucha demanda, quizás porque las personas fallecidas con otras creencias religiosas tienden a fallecer o trasladarse a sus países de origen».

400 personas fueron incineradas en el horno crematorio de Cáceres en el año 2018, según la empresa que gestiona este recinto, grupo IA (Iniciativas Alcaesar). El precio de una incineración ronda los 600 euros, una cifra más económica que los nichos, cuyo precio es de 2.500 euros.

Fuente: Diario Hoy