Soledad. El sector funerario trata de dar alternativas para aliviar las limitaciones impuestas por la COVID-19 para dar el último adiós a los seres queridos.

Los familiares que despiden a sus seres queridos desde que comenzó la pandemia afrontan un dolor que tiene una doble dimensión: a la pérdida en sí misma se une el no poder hacer velatorios ni funerales en los que se reúnan todas las personas que formaron parte de alguna manera de la vida del fallecido. El estado de alarma establecido por el Gobierno para evitar la propagación del coronavirus ha cambiado por completo el ritual de despedida de los difuntos, y ha eliminado de un plumazo las escenas más habituales de los sepelios, llenas de personas que acuden a ofrecer sus condolencias. Los velatorios están prohibidos durante este periodo para evitar que el contacto físico haga propagarse al virus.

La soledad marca las despedidas de estos días, sean personas fallecidas a causa de la COVID-19 o no. La comitiva para el enterramiento o incineración se restringe a un máximo de tres familiares o allegados, además del sacerdote, que deberán respetar siempre la distancia social de uno a dos metros entre ellos.

Estos días solamente hay un breve responso antes de que el cuerpo reciba sepultura o pase al crematorio. No hay ceremonias en iglesias ni parroquias ni en los tanatorios.

Según explica a este diario Fernando Yaybek, director general en Extremadura del grupo Iniciativas Alcaesar (IA), que en la región tiene 42 establecimientos entre tanatorios y los crematorios de Cáceres y Plasencia, la situación ha obligado, en algunos casos, a celebrar entierros sin presencia alguna de familiares. Los motivos, tal y como explica Yaybek, son variados. En algunos cementerios, si la muerte ha sido causada por COVID-19, no permiten el acceso a ningún familiar.

Lejanía

En otros casos la ausencia total de personas en este momento postrero tiene que ver con el distanciamiento físico. «Son personas que a lo mejor residían en Madrid y murieron allí, pero proceden de la región y vienen aquí a enterrarse». Se ha dado el caso, explica, de que los familiares estén afectados por COVID-19 o haciendo la cuarentena de manera preventiva y no se pueden trasladar a dar el último adiós. En estas despedidas «solamente está el enterrador del cementerio, el personal funerario y el sacerdote en algunos casos».

Las empresas del sector están intentando dar respuesta de alguna forma a las circunstancias impuestas por la pandemia, buscando algunas alternativas. Así, por ejemplo, en unos siete casos en la región se ha recurrido ya al uso de la videollamada para poder mostrar esos momentos a los familiares. El grupo IA ha ofrecido este servicio estos días.

La construcción del duelo, ese trámite íntimo que permite hacerse a la idea de que esa persona querida ya no está, necesita un ritual de despedida. «Los velatorios lo que hacen es preparar a esas personas para el duelo, es el tiempo que necesita alguien de ir asimilando lo que acaba de ocurrir». En muchos casos, indica Yaybek, se ha dado la situación de personas que han dejado a su familiar en el hospital, que no han podido acompañarle durante el curso de la enfermedad y que no puede ni despedirse porque le han avisado por teléfono de que ha fallecido. «Las tecnologías nos han ayudado muchísimo en estos tiempos de confinamiento para estar en contacto con los demás y en el apartado funerario también ha ayudado mucho, porque ha permitido estar cerca de las personas en ese momento en el que no son posibles un abrazo ni la presencia», indica Yaybek.

El período de tiempo en el que los cuerpos permanecen en los tanatorios se ha reducido en estas fechas de pandemia, porque la nueva disposición abolió que tuvieran que pasar 24 horas para hacer la inhumación o la cremación de alguien, lo cual hace que el impacto del fallecimiento pueda ser aún mayor.

Durante estos días también se han suprimido técnicas de tanatopraxia o tanatoestética, es decir, la reconstrucción o el acondicionamiento del cadáver. En todo caso, y pese a que no haya ceremonia, los tanatorios son necesarios y punto obligado en el proceso funerario. «El procedimiento marca que los cuerpos tengan que permanecer desde el lugar del fallecimiento hasta el sepelio en una instalación, y preferentemente en cámara refrigerada».

Ventana del recuerdo

Desde hace un tiempo este grupo funerario cuenta con un recurso que permite la despedida a los difuntos aunque no se pueda acudir en persona al sepelio. Se trata de la ventana del recuerdo, un recurso a través de su página web por el que los familiares y amigos pueden participar de la despedida del fallecido a través de mensajes de condolencia y el envío de una flor de forma gratuita. Antes de la irrupción de la COVID-19 esos símbolos se entregaban el día del funeral, pero en estos momentos la funeraria entrega los mensajes después del sepelio o en algunos casos a domicilio. «Se intenta que esa familia se sienta un poco acompañada aunque sea en la lejanía recibiendo esos mensajes de ánimo».

Respecto a la utilización de flores en los funerales, aunque las floristerías no están llevando a cabo un servicio de cara al público, esta empresa cuenta con personal propio para este asunto y los féretros pueden lucir centros o coronas.

Fuente: Diario Hoy